Soy aficionada a la astrología desde la adolescencia, y a la literatura desde mucho antes, casi desde que pude sujetar un lapiz (aunque nunca aprendí a hacerlo correctamente, por eso tengo lo que llaman “callo del escritor”; pero eso es otra historia que, como diría Michael Ende, seguro os voy a contar, en otra ocasión).

A finales de 2010, Saturno, el estricto Capataz de los límites, la responsabilidad y la seriedad en lo referente a obras cósmicas, vino a mi casa con el encargo de realizar nada menos que mi obra del Karma. Al parecer, es una situación similar a cuando viene una carta del Ayuntamiento, y te informan de que van a rehabilitar el edificio: o les dejas por las buenas, o protestas (y al final les dejas) o te mudas, no hay elección.

La verdad, suena muy bien, pero como en todos los contratos, hay una letra pequeña: Saturno, que en otras páginas se llama también Kronos (tiempo) es un obseso de la rectitud y el orden; sabe muy bien cual es su trabajo, y le da igual que protestes: todo lo que no es el propósito de TU proyecto vital o entiende que te obstaculiza, tiene que desaparecer.

En mi caso, denominarlo “terremoto” es ser muy muy optimista; en cuestión de una semana, me encontré sentada en medio de un campo en ruinas, recién bombardeado. Y como ocurre en todas las “zonas cero” de la vida, solo me quedaron dos opciones: llorar hasta inundarlo todo, o acometer la reconstrucción.

Mis primeros Diarios de Obra duraron dos años y medio (hasta que se marchó Saturno) y terminaron conmigo intentando reubicándome, pero, por suerte, redescubriéndome de nuevo, artista y escritora.

Hasta que llegó este agosto en que, con las cosas más claras y los cimientos correctamente asentados, me invitan a una nueva reforma (aunque esta vez con Júpiter de capataz, que como todos sabemos, maneja un presupuesto enorme, se centra en rehabilitaciones y tiene un grandioso equipo de interioristas, decoradores y técnicos de iluminación a su entera disposición.

Igual que en 2011, siento que necesito compartirlo, y que disfruto contándolo; porque después de todo, ¿que cuento hay más sincero que el de la propia vida, sobre todo si se narra con sentido del humor?

Ese es el sentido de mis astrocuentos versión 2019. Si os gusta la astrología, la literatura, o ambas cosas, los podéis leer en esta página, o en mi página de Facebook (de #cuentoterapia, #fotografía y #astrocuentos).

Ah!! Y si queréis preguntarme algo de vuestros proyectos de obra personales, aquí estoy también, a vuestra entera disposición. (y si de paso además me seguís, de antemano os lo agradezco un montón)

PD: Por si tenéis curiosidad… la de la foto, por supuesto, soy yo.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s